lunes, 20 de julio de 2020

Louis Robach y su placa

Louis Robach (1871-1959), cirujano-dentista, alpinista y fotógrafo además un enamorado del Monte Perdido, que entre su primera ascensión en 1900 y la última en 1948 subió 43 veces a la cima con sus 3355m, “pa que tantas...”
Placa en la Brecha de Tucarroya con Monte Perdido de Fondo

Tras su muerte su círculo cercano se planteó la idea de colocar algún recuerdo cerca de su querido Monte Perdido. Y vaya sitio chulo que encontraron! A 2669m en la Brecha de Tucarroya, junto al refugio homónimo y a la figura de la Virgen de Lourdes, con unas excepcionales vistas a la cara norte del Perdido. El recuerdo que colocaron fue nada más y nada menos que una placa de bronce de 21kg que subieron en mulo hasta la Horquette d’Allanz y desde allí hasta la Brecha de Tucarroya en las costillas de sus amigos un 12 de agosto de 1962.
Detalle de la placa

Años después desapareció dicha placa, que se mantuvo en paradero desconocido hasta que apreció milagrosamente en un chatarrero de Tarbes en 1989. ¿Quién se bajaría una placa 21kg de bronce en las costillas desde Tucarroya?
La placa se recolocó en su lugar original el 23 de julio de ese mismo año 1989 y hasta el día de hoy sigue allí.
Curiosa historia. ¿No?

sábado, 27 de junio de 2020

Aspe por Arista de los Murciélagos

27 de junio de 2020

Y nos volvimos sin ver a Batman

Cristobal, Jairo, Pablo y Andrés

Madrugón de los buenos y son poco más de las 7 de la mañana cuando estamos caminando por lo que en invierno son las pistas de esquí de Candanchú rumbo al Aspe, para atacarlo por la Arista de los Murciélagos.

Saludando a los fans

Tras una rápida aproximación al inicio de la arista, justo en el Paso de la Garganta de Aisa, sacamos los trastes de la mochila, nos vestimos de guerreros y arranca la primera cordada de la “expedición” formada por Cristobal y Jairo, y después les seguimos con Pablo.

A los pies del Aspe

Cristobal rompe el hielo y nos marca el camino

Cordadada "Entre Rimayas"

El inicio de la vía es fácil de localizar, un pitón a la altura de los ojos nos lo marca, y a partir de allí una sencilla trepada de no más de IV por buena roca nos deja en la primera reunión, habiendo superado el resalte inicial.

Continuamos en ensamble hasta el inicio de la trepada a la aguja “dondestastú”, allí un par de clavos nos sirven de reunión. Vamos ganando altura por una chimenea semiequipada con clavos que alternamos con algún friend.

Tramos de II con vistas al resto de la arista
Pablo me espera en la R de "dondestastu"

A estas alturas de la vía y todavía vamos con la manga larga, cualquiera nos lo iba a decir cuando estábamos en Barbastro a las 5 de la mañana pasando calor…

Espectaculares vistas del Pico de la Garganta de Aisa, El Sombrero y los Mallos de Lecherín

Llegamos a la aguja “dondestastú” y Cristobal ya ha montado la reunión en la aguja “dondestanestos” y Jairo nos saca unas fotos chulísimas mientras gestiona uno de los pasos con más patio de la jornada.

En la aguja "dondestastu"

Nos toca a nosotros darle al paso expuesto, graduado como IV+, pero cosido a clavos en el inicio por una roca decente, acabados los clavos entramos en una chimenea con roca de mala calidad, que nos toca autoproteger con algún cacharro y nada más salir de la chimenea está la reunión.

Jairo en el centro, Cristobal asoma en lo alto...

El que escribe apretando el culo mientras abre vía...

Avanzamos en ensamble por el filo de la arista hasta llegar a un rapel de unos 20-25m, y en la base del rapel paramos a coger aliento y disfrutar del paisaje para afrontar el último sector que nos llevará a la antecima.

Progresando en ensamble antes del rapel

En pleno rapel

Empezamos por un paso de V algo extraño, pero fácil de proteger con friends, del que se sale haciendo una dominada, para seguir por terreno “sencillo” hasta la siguiente reunión, dónde de nuevo se sale con un paso en una panza con pocos agarres para seguir caminando sin dificultades hasta el emplazamiento de la siguiente reunión.

Ya casi estamos en la cima...

Desde allí vamos subiendo por terreno bastante descompuesto hasta salir a la antecima, dónde solamente nos separa de la cima del Aspe el “salto de fé” que bautizamos, un destrepe algo atlético para luego caminar hasta la mismísima cima del Aspe, dónde nos comimos una secallona de Melsa que nos supo a gloria.

Equipo en cima!

Tras reconocer el monte que divisamos desde la cima, encaramos la bajada por la ruta habitual a pie desde Candachú, para regresar a las pistas de esquí y cerrar con una buena merienda la jornada después de 10 intensas horas de monte.

Empezamos con la bajada
Pisando nieve, y los esquís en casa...

Vídeo resumen

Resumen de la Ruta
Distancia: 12.8km
Desnivel: 1200m
Tiempo: 10h30min

Material necesario por cordada:

Cuerda de 60m
Juego de Friends Pequeños
Fisureros
10 cintas exprés alguna de ellas larga
Material para reuniones

Reseña

Ruta



martes, 2 de junio de 2020

Pico Raymond D’Espouy por la Gran Diagonal

30 de mayo de 2020

Alpinismo por el Chistau más salvaje

Siempre me había llamado la atención al ascendiendo a Cotiella por Lavasar la estética diagonal de nieve que se veía al fondo del valle y con la que ya habíamos fantaseado subir en más de una ocasión mirándola desde el Collado de la Ribereta. Le tenía echado el ojo desde diversos puntos del Bal de Chistau y tras este largo confinamiento y algún día de rodaje por el monte y una buena despedida la temporada de esquí unos días atrás en el Aneto, nos aventuramos con Jairo a intentar ascender la gran diagonal que lleva al Pico Raymond d’Espouy, segunda cima más elevada del macizo del Cotiella con sus 2823m. 
Jairo en plena ascensión

La gran diagonal, ascendida por primera vez el 18 de julio de 1955 por H. Carreté, A. Font y J. Surinyach, se trata de un corredor que salva un desnivel de 250m sobre una repisa inclinada que conserva la nieve hasta bien entrado el verano, que sale a la brecha d’Espouy – las Coronas, a escasos 5min a pie de la cima del pico Raymond d’Espouy.
Partimos a punta de mañana del refugio de Lavasar, dónde dejamos el coche, en dirección al Ibón de Plan, el cual rodeamos para alcanzar los pedregales que hay al fondo, por los cuales debemos remontar para acceder al valle colgante de la Ribereta. Una vez en el valle ya divisamos al fondo la Gran Diagonal, y su aproximación ya es un simple paseo entre rocas y nieve. 
Peña de la una reflejado sobre el Ibón de Plan

Progresando por los pedregales

Poco a poco vamos ganando altura

Ibón de Plan visto desde la Riberea
En menos de 2h estamos en la base del corredor, toca cambiar los bastones por los crampones y piolets y comenzar a subir. La nieve del corredor está en buenas condiciones y podemos ir ascendiendo sin ningún contratiempo, marcando Jairo durante gran parte del corredor el itinerario a seguir, el corredor no presenta ninguna dificultad, pero debemos andar con ojo, ya que un fallo no se perdona y el resultado podría ser fatal…
Vista de la Gran Diagonal desde la entrada al valle

Empezamos la subida

Jairo marca el camino
En plena faena
En la salida del corredor hay que hacer una travesía lateral bastante expuesta, en la que tras un paso en mixto que tiene un pequeño tramo con la nieve podrida y unos 15m de ascenso alcanzamos la brecha d’Espouy – las Coronas, en dónde nos sacamos los crampones y seguimos caminando hasta la cima, en dónde tras un breve descanso y contemplación del panorama iniciamos el descenso.
Paso lateral para salir del corredor
Pico y cresta de las Coronas

Foto de cima

Descenso a Armeña

La ruta de descenso la haremos por la vertiente de Armeña, dónde tras descender velozmente por pedregales, enlazamos con la ruta de Cotiella, que todavía conserva bastante nieve y en apenas una 1h desde que hemos salido de la cima alcanzamos el refugio, ahora nos queda una sencilla pero costosa subida hasta la Colladeta del Ibón (2351m), para terminar bajando de nuevo al Ibón de Plan para cerrar el círculo y regresar al refugio de Lavasar a por el coche y dar por terminada la aventura.
Diagonal vista desde el descenso de la Colladeta del Ibón

Video resumen

Resumen de la Ruta
Distancia: 17.42km
Desnivel: 1476m
Tiempo: 7h50min
Track en Wikiloc
Ruta


viernes, 8 de mayo de 2020

El primero de la lista

Julio de 2003

Aneto 3404

A falta de nuevas escapadas al monte, qué más allá de lo que permite a día de hoy la fase 0 de la desescalada dentro término municipal de dónde vivimos, andamos bastante escasos de nuevas aventuras, aunque cada vez se ven más cercanas, voy a seguir desempolvando recuerdos, en esta ocasión voy a irme 17 años atrás, al verano de 2003, cuando el que aquí escribe siendo todavía un infante de 11 años y que debutó en el mundo de las cimas de más de 3000 metros con el monarca del Pirineo, el Aneto.
Si alguno me pregunta a día de hoy a qué se debe mi afición a salir a la montaña, sin duda, le echaría la culpa entre otros motivos a los campamentos de verano que organiza Faustino en Benasque que se hacen entre la última semana de junio y la primera de julio cada verano, allí me aficioné a patear montaña y contemplar preciosos parajes siempre acompañado de más zagales de la edad de Binaced, Binefar, Estadilla y de algún que otro pueblo más. Aún a día de hoy siempre que el trabajo me lo permite intento escaparme parte de esos días a recordar los tiempos mozos y reencontrarme con viejos amigos que siempre se dejan caer por allí.
Foto del grupo del campamento de 2003

Pero a lo que vamos, en el campamento de aquel año 2003, estaba marcada como una de las excursiones el Aneto, pero no todos estábamos lo suficientemente capacitados para ir, por lo que las excursiones de los días previos servían para determinar quiénes de los interesados en subir estaban en “condiciones” aquel año subir. El Salvaguardia, con sus 2736m, era uno de los hitos a cumplir para poder subir al Aneto y ahí que nos plantamos un grupo de valientes, mientras el resto de grupo nos esperaban junto a las ruinas de Casa Cabellut, antigua cantina que estuvo operativa en los tiempos que se explotaban las minas de pirita a los pies del Portillón de Benas.
Casa Cabellut

Entorno de las minas

Por los pelos, pero me dejan formar parte del grupo que subiríamos al Aneto ese año, siendo uno de los más jovenzuelos que subiríamos entre los que estaban viejos conocidos de este blog como son Daniel y Julio.
El día de antes preparamos las mochilas y nada más cenar nos vamos a dormir, que toca levantarse muy pronto, si no me falla la memoria a las 3 de la madrugada tocaban diana ese día… Con los ojos medio cerrados y nerviosos desayunamos alrededor de la mesa de la cocina y subimos caminando desde el campamento al cruce de los Baños, en la carretera principal cogemos el primer bus que subía a la Besurta.
En la Besurta comenzamos a caminar en la noche, con unas linternas que a más de uno a día de hoy le haría reír, menos mal que el sol va haciendo acto de presencia poco a poco. Dejamos el refugio de la Renclusa atrás y nos adentramos en terrenos desconocido para mí, capitaneados por Anselmo en cabeza de grupo y ganando metros poco a poco. Empezamos a pisar nieve bastante antes del Portillón Superior, pero podemos ir evitándola.
Llegamos al Portillón, y ya parce que tenemos el Aneto allí mismo, nunca lo había visto tan de cerca, solo nos separaba la inmensa masa de nieve y hielo del por entonces no tan mermado glaciar del Aneto, por el cual había visto un par de años antes deslizar sobre esquís a unos valientes cuando volvíamos de una excursión a los ibones de Col de Toro, que muchos años más tarde yo mismo acabaría emulando…
Típica vista del Aneto desde el Portillón. Julio de 2009

En el Portillón, era donde nos hubiese tocado ponernos crampones, pero la mayoría no llevábamos y mucho menos un piolet, podría habernos salido caro el día, pero por suerte la nieve estaba blanda y pudimos evitar el resbalón. Despacito y con buena letra fuimos atravesando el glaciar hasta llegar a la altura del Collado de Coronas, en dónde nos esperaba el temido “revientachulos” una empinada subida que se me atragantó aquel día y que por poco pudo con mis ánimos, pero con la ayuda y ánimos de Cesar conseguí llegar a la antecima. Ahora ya solo nos quedaba cruzar el famoso Puente de Mahoma, que en aquella época no estaba tan concurrido como en los últimos años y no se si desde entonces hay más abismo a los lados o la ilusión por llegar a la cima me cegó, pero nunca me ha resultado tan poco impresionante cruzarlo como en aquella ocasión, en la que recuerdo hacer el canelo con Daniel mientras lo cruzábamos.
Vertiente de Coronas desde el Puente de Mahoma. Año 2003

Puente de Mahoma algo concurrido. Año 2009

Glaciar e ibón de Barrancs desde Puente de Mahoma. Año 2009
La canal SW de Barrancs, que esquiamos este pasado febrero, todavía conservaba algo de nieve aquel año en Julio

Y por fin llegamos al Aneto, allí estaba la famosa Cruz de hierro y un poco más allá una especie de altar con un santo (tiempo después supe que era San Marcial) y un poco más Virgen del Pilar. Vaya vistas había desde aquella cima, nunca había visto semejante caos de rocas a mis pies, éramos los más altos de Pirineo, para ver cualquier otra cosa que no fuesen nubes debíamos mirar para abajo.
En la cima con Daniel
¿se ha girado la cruz estos últimos años?

Emprendimos el camino de vuelta, que fue más sencillo que el de ida, incluso algunos nos aventuramos “revientachulos” sentados sobre la capelina para adelantar más, pero sin duda la parte más dura de la excursión estaba por llegar, con el refugio de la Renclusa a tiro de piedra nos pilló una fugaz tormenta de verano que nos regaló una pedregada que provocó la mayor desbandada que he visto en mi vida en la montaña, unos nos refugiábamos bajo las piedras mientras otros corrían ladera abajo en busca del refugio… Por suerte, duró apenas 10 minutos y volvió a lucir el sol rápidamente y pudimos volver a la Besurta a coger el bus de vuelta sin nada relevante que reseñar.
Y esta es la historia de mi debut con las cimas de 3000 metros, que desde entonces no he parado de visitar siempre que las obligaciones me lo permiten, teniendo pendiente de nuevo una visita al rey del Pirineo con parte de los que compusieron parte de aquella “expedición”.